La motivación en el deporte

Pricipales factores psicosociales que afectan a los equipos de alto rendimiento (1)

Por el Dr. Carlos A. Coscio

La motivación, tanto individual como grupal, es causa de permanente preocupación para todos los que tienen la responsabilidad de conducir equipos deportivos que se desempeñan en escenarios con altas exigencias de competitividad.

Sobran los ejemplos de equipos que han obtenido logros superiores a partir de la incidencia del elemento motivador y, lamentablemente, también de experiencias contrarias.

Cuando nos referimos a la importancia que tiene la motivación en el desempeño deportivo no desconocemos ni desvalidamos las capacidades de los atletas, ni el valor de las estrategias y tácticas empleadas, sino que, por el contrario, creemos que las complementa y, en algún punto, las potencia.

Estas características nos llevan a considerar que si pudiéramos establecer sus componentes con cierta claridad, tal identificación permitiría conformar protocolos facilitadores de logros, ya que podríamos no solo mantener la motivación en mejores niveles sino que también lograríamos incrementar su duración en el tiempo. ¿Qué entrenador no desea que sus deportistas estén altamente motivas durante toda la competencia?

Antes de continuar con el tema nos gustaría concretar algunas definiciones, simplemente para que el lector comprenda bajo que significado nos iremos refiriendo a los diferentes conceptos a lo largo de esta nota.

Así, cuando decimos equipo deportivo nos estamos refiriendo a un grupo especial, con características particulares, que responden tanto a la disciplina deportiva que lo origina como a su propia dinámica de grupo.

Al hablar de alto rendimiento deportivo estamos indicando el máximo nivel de productividad al que puede arribar un atleta o grupo, a través de un proceso de desarrollo físico y mental, destinado a maximizar sus potenciales en función de ciertos objetivos.

Por último, cuando nos referimos a la motivación, siempre en un contexto de alto rendimiento deportivo, estamos hablando del impulso que inicia, guía y mantiene el comportamiento hasta alcanzar la meta u objetivo deseado.

Si bien reconocemos que son muchos y variados los elementos que intervienen a la hora de incentivar la actuación del atleta, en esta oportunidad haremos foco en los principales factores psicosociales que actúan como motivantes en los equipos deportivos de alto rendimiento. Como interactúan y, si es posible, en que medida aporta cada uno de ellos al resultado final. Todo esto sin desconocer la inevitable presencia de elementos fortuitos, tanto externos a la competencia en sí, como devenidos de la actuación de los oponentes.

Así el análisis de la problemática planteada, a partir del resultado logrado en investigaciones anteriores por diversos profesionales de variadas disciplinas, la experiencia de entrenadores, deportistas y profesionales consultados, sumado a algunos avances e investigaciones personales, varios años de actividad ocupando diferentes roles en ámbitos deportivos, y los conocimientos específicos profesionales, nos llevaron a concluir que “en el alto rendimiento deportivo, a la hora de influir en las acciones del equipo, el resultado que producen los factores motivantes externos, por su actuación conjunta, generan una sinergia que va más allá de la suma de los efectos que cada uno pueda aportar por separado, y cuya influencia articula con la consistencia de los factores intrínsecos de cada deportista”.

Es decir que distinguimos elementos motivadores tanto externos como internos, que en los mejores resultados se da una suerte de articulación virtuosa entre ellos, que sus efectos provienen no solo de cada uno de ellos sino fundamentalmente de su actuación conjunta, y que una visión sistémica del problema explica el resultado multiplicador de sus influencias.

El “efecto Ringelmann” (denominado así en nombre de su investigador) concluye que en las actividades grupales la actuación media individual disminuye según aumenta el tamaño del grupo. Y una serie de investigaciones posteriores demuestran que este efecto obedece a la motivación.

Es decir que cuando mayor es el grupo, al momento de realizar el esfuerzo, menor sería la disposición de cada uno de sus miembros a realizar el mayor esfuerzo posible.

Al respecto Williams define esa falta de motivación de los grupos como “pereza social”. Y, como dato interesante, demuestra que tal efecto desaparece cuando el individuo cree que su rendimiento es identificado, o está siendo evaluado individualmente por alguien. También aclara que, una vez eliminada la pereza social, se puede continuar incrementando el rendimiento del grupo a través de la motivación más allá de lo que parecía el umbral original.

Este último punto bien podría ser la justificación de la importancia que, en muchos órdenes, se da en la actualidad a la intervención del líder, capaz de hacer que cada individuo comprometa su máximo esfuerzo aun en grupos multitudinarios, como ocurre con grandes organizaciones que han superado holgadamente la media del sector gracias a las habilidades motivantes de su CEO.

A su vez Zander, desde su modelo de motivación para el logro, propone que los objetivos desafiantes pero realistas estimulan el “deseo de éxito del grupo” para lograr un rendimiento óptimo.

Estos conceptos no hacen más que demostrar la complejidad a que nos enfrentamos toda vez que intentamos analizar la motivación de los atletas, y más aún cuando la actividad se realiza en equipo.

Por eso, para facilitar este análisis es que decidimos agrupar los elementos intervinientes en tres grandes conjuntos:

  • los objetivos personales del deportista
  • el contexto en el cual se desarrolla la actividad
  • el origen interno y externo de la motivación

Pero no olvidemos que para lograr un efecto superior conviene que todos ellos estén contenidos en los procesos motivacionales aplicados.

Objetivos personales del deportista: Con relación a los objetivos personales en relación al deporte, es decir aquellos que corresponden a cada atleta independientemente de los que se fijen para el equipo, nos encontramos con que estos varían en las diferentes circunstancias relacionadas. Así diferenciamos los objetivos en situación de competencia, de los que se dan en entrenamiento, y de aquellos que el deportista se propone lograr a través del deporte.

En tal sentido, es conveniente tener en cuenta que cuanto mayor es el nivel de rendimiento requerido la exigencia al equipo es más grande, pero también mayores son los objetivos individuales, por lo cual la relación entre las metas grupales y de cada deportista deben alinearse de la mejor manera posible para facilitar una motivación superior.

Diferentes especialistas, humildemente corroborados por nosotros en nuestras investigaciones, coinciden que en situación de competencia las expectativas de los deportistas de alta perfomance se centran en el triunfo. Si bien muchas veces se escucha a los grupos decir “lo importante es divertirnos”, lo cierto es que esos mismos atletas, al reflexionar sobre sus objetivos en las investigaciones, focalizan primero en ganar, luego en lo que ellos denominan jugar bien y por último en divertirse. Esto siempre en referencia a la alta competencia.

Y esto tienen sentido si, como nos expresara una profesional del área de Psicología Deportiva del CENARD, diferenciamos entre la razón de competir y el objetivo de la competencia. El objetivo siempre es ganar, aunque la razón puede variar según el momento en que el atleta se encuentre de su ciclo de vida deportivo. Así puede suceder que en un mismo equipo y en la misma competencia, haya quienes buscan aprender, otros que pretenden mejorar, y quienes esperan expresar el máximo potencial desarrollado.

Tengamos en cuenta que, desde la posición del deportista, la competencia se desarrolla mediante el juego de tres tipos de variables: o Las internas, que refieren a las aptitudes y actitudes del atleta. o Las externas referidas al oponente, es decir las aptitudes y actitudes del oponente. o Las externas de contexto, como árbitros, campo de juego, público, etc. Entonces la perfomance del deportista y del equipo dependerá de su capacidad para aprovechar las oportunidades y controlar las amenazas que esta interacción genera. Mientras que un resultado favorable en la competencia depende de que supere al contrario en esta tarea

Con relación a los objetivos personales del deportista en situación de entrenamiento, también aquí encontramos un orden, ya que su prioridad es ganarse o mantener la situación de titular para la competencia (salir a la cancha), y si no lo logra entonces tratará de integrar el equipo (estar en el banco).

Estas apreciaciones las hacemos con independencia del concepto de justicia que pueda involucrar a una u otra situación.

También aquí es conveniente distinguir los objetivos relacionados con la etapa del ciclo de vida deportivo ya que, mientras un atleta en desarrollo puede priorizar el adquirir nuevas habilidades técnicas y tácticas, otro integrante del mismo equipo pero ya desarrollado prioriza el mantener o mejorar sus condiciones físico – táctico – operativas.

En cuanto a los objetivos personales que el atleta aspira lograr a través del deporte, éstos son diversos, pueden involucrar tanto aspectos personales, como económicos y sociales, y surgen principalmente en respuesta al entorno extra deportivo del atleta. Contexto:

Con relación al contexto que puede afectar la motivación del deportista, por su modo de influencia, es conveniente distinguirlos en función de su cercanía al hecho y al equipo deportivo. Para analizar el contexto en situación de competencia lo haremos tomando al atleta como centro. Así, dependiendo de la disciplina, podemos encontrar la influencia inmediata de sub grupos de juego según la posición que ocupe el jugador. Posteriormente estaría el equipo en su totalidad. Luego los oponentes, jueces y entrenadores, en orden alterno según el momento y circunstancias. Todo ello diferenciando cuando se trata de equipos de intervenciones individuales (postas de atletismo o natación), de intervenciones grupales pero sin contacto con el oponente (voley, tenis), y cuando existe contacto físico (handball, fútbol, rugby, básquet). Luego puede presentarse la influencia de lo que denominamos un público especial presente, consistente en personas de interés particular para el deportista, y cuya influencia se relaciona directamente con la importancia que para él tenga esa observación. Posteriormente se ubica el público general presente, generadores del “clima” en competencia. Para finalizar con la potencial influencia del público no presente pero del cual el deportista tiene conciencia.

Cuantas veces hemos asistido a comentarios como “…sabía que muchas personas seguían mi actuación por los medios y no quería defraudarlos…” expresados por deportistas que se encontraban compitiendo fuera del país en alguna contienda internacional. Y esto sucede porque no podemos desconocer que el deportista juega un “rol social” por el cual es gratificado con el reconocimiento público, y uno “específico deportivo” cuando su desempeño es apreciado por opiniones calificadas.

Origen de la motivación: En cuanto al origen de la motivación, encontramos diferencias entre los factores relacionados con el entorno deportivo y otros que corresponden exclusivamente al atleta. Es decir, reconocemos factores de motivación internos y externos.

En cuanto a los factores internos, éstos están suficientemente desarrollados por la Psicología Deportiva y tienen injerencia individual. Por eso querríamos referirnos a los extrínsecos al atleta, más generales y que afectan a todos los integrantes del equipo aunque, como es lógico suponer, no de la misma manera ni con igual intensidad. Creemos que el reconocimiento y comprensión de estos elementos puede aportar a entrenadores y responsables, no solo porque son más fáciles de identificar aún sin contar con profundos conocimientos específicos, sino también porque ajustados convenientemente producen un efecto que afecta al equipo en su totalidad. Así, entre los factores psicosociales más reconocidos nos encontramos con el “desarrollo del equipo”.

Para analizarlo es importante tener en cuenta en que etapa de su ciclo vital se encuentra el grupo ya que cada una de ellas reconoce ciertas características que actúan directamente sobre la motivación de sus integrantes.

Otro elemento central a tener en cuenta es la cuestión del “liderazgo”. Existen diferentes líderes dentro de un equipo deportivo, algunos tan directos como los entrenadores y técnicos, el capitán y, según el deporte, los líderes de sub-grupos de juego. Además algunos de ellos son impuestos mientras que otros pueden surgir en forma natural y por diferentes razones. En tal sentido, durante nuestras investigaciones y experiencias, nos hemos encontrado con algunas coincidencias como que la mayoría de los técnicos prefieren un modelo de conducción “autoritario” en lo específicamente deportivo y “más comprensivo y tolerante” en las cuestiones personales del atleta, o que no debería ser capitán un atleta que no sea titular (salvo circunstancialmente).

El tercer elemento tiene relación con la “cohesión” existente en el grupo. Si bien no hemos descubierto un modelo único, muchos especialistas coinciden en señalar que pareciera existir un grado óptimo de cohesión e interacción social que resulta en el mejor esfuerzo del grupo, ya que, ante las elevadas exigencias del alto rendimiento, los equipos orientados hacia el buen resultado parecen responder mejor que los orientados hacia la necesidad de afiliación. Es decir que una excesiva intimidad entre los integrantes puede resultar en determinadas circunstancias negativa para el rendimiento del conjunto, esto teniendo en cuenta que nos referimos a equipos deportivos de alto rendimiento. Porque, como me relataba la capitana de un seleccionado nacional, “a los amigos hay que cubrirlos aunque se equivoquen”, y cubrirlos puede representar no exigirles lo máximo.

Analizando la relación existente entre la cohesión y la productividad del grupo Stogdill, en su revisión, distingue tres posibilidades:

  1. Cuando la cohesión y productividad son altas el resultado es una ejecución alta. Por lo tanto esta sería la situación ideal.
  2. Cuando la cohesión es alta pero la productividad es baja el resultado es una ejecución baja.
  3. Mientras que cuando la cohesión es baja pero la productividad es alta el resultado de la ejecución supera al obtenido en el segundo caso.

También es importante para la motivación del equipo prestar especial atención a las relaciones interpersonales y los posibles conflictos derivados de ellas. Y esto involucra tanto la interrelación entrenador – deportista o entre atletas como las referidas a otros participantes directos como directivos, auxiliares, etc.

Mientras escribo estas líneas es reciente el conflicto que involucró al cuerpo técnico, los jugadores y los directivos de la Unión Argentina de Rugby, y al analizar el desempeño del equipo en su test mach ante la selección italiana (más aún luego de su última intervención ante Inglaterra) no puedo dejar de pensar en la influencia que tal situación parece haber tenido en la actuación de algunos de sus integrantes durante el partido. Otro aspecto fundamental refiere al nivel de profundidad comunicacional en relación con la tarea deportiva. Aquí también encontramos una diferencia importante que tiene influencia directa en la motivación del equipo en general, y de cada integrante en particular.

Desde el entrenador es conveniente manejar la comunicación con los atletas en un nivel de empatía, es decir, tratar de comprenderlo para transmitir el mensaje de la mejor manera y así lograr que sea correctamente interpretado y, por tanto, más efectivo. Sobre todo cuando se trata de jugadores noveles o de poca relación. Contrariamente, cuando el jugador trata de interpretar que estará pensando el técnico, o por que le dijo tal o cual cosa, es decir, cuando intenta empalizar en busca de motivos ocultos en lugar de simplemente reaccionar ante lo solicitado, estas cavilaciones pueden afectar su juego. Como se suele decir “jugar para el técnico” pero no en función de lo que éste quiere sino de lo que el atleta cree que quiere. Muchas veces esta profundidad hace que las malas lecturas de esos motivos afecten su rendimiento.

En tal sentido el nivel relacional más conveniente pareciera ser el que David Berlo señala como de acción – reacción, lo cual no representa no comprender el porque de la indicación sino “aceptarla y actuarla”. Sobre todo si esta comunicación se da en situación de competencia donde las urgencias son mayores.

Por último, existen otra serie de factores externos que influyen en la motivación de los integrantes del equipo como:

  • La representación que tengan las diferentes recompensas, nivelada tanto en sus aspectos de control como informativo.
  • La percepción de la propia habilidad por parte del deportista.
  • Su grado de competitividad, como resultante de factores de personalidad y situacionales.
  • Su grado de afiliación con el equipo.

Es difícil precisar con exactitud, en la influencia recíproca de los diferentes factores internos y externos cuales se dan primero.

En todo caso sí podemos reconocer y asegurar una interacción constante entre ellos. El mecanismo de potenciación está dado por el mayor impulso que generan ciertos factores al entrar en contacto con otros, en determinadas circunstancias internas y externas. En esta fórmula, los factores y las circunstancias, así como sus proporciones de intervención, son variables según el individuo y el grupo.

Estos dos aspectos indican que, por lo menos para alcanzar una motivación positiva de mayor nivel, la convergencia de factores se produce en una mezcla tal que sus efectos exceden el resultado de una sumatoria. Tal circunstancia puede ser única, es decir que permite al atleta lograr el mayor rendimiento posible, la mejor marca en toda su trayectoria deportiva, o repetible, en cuyo caso se trata de obtener una media de rendimiento más o menos estable y esperable.

En estas condiciones lo que hace inquietante, a la vez que utópico, el logro de la mezcla óptima, es la imposibilidad de obtener la conjunción más exitosa en forma repetitiva y predecible. Además, la imposibilidad de asegurar resultados de la mezcla se debe también al efecto más permanente de algunos elementos y lo circunstancial de otros.

El futuro deportista se acerca a la actividad con una carga de motivación interna que lo impulsa, basada más en su propio imaginario que en sus vivencias respecto del deporte elegido. En este momento esos impulsos intrínsecos pueden incluso originarse, o por lo menos intensificarse, a partir de impulsores externos (extrínsecos).

Por ejemplo, el incentivo de alguno de sus padres que haya practicado esa actividad y lo arrime a ella. A medida que avanza en la práctica, su propia experiencia (aprendizaje) reemplazará el efecto de la motivación externa original, de tal manera que comienza a cobrar mayor importancia su motivación interna.

En este contexto los nuevos impulsores externos deberán coincidir con las expectativas que se generen. Es decir que el proceso de acercamiento a la actividad, y las nuevas experiencias que ello produce, da lugar a la aparición de expectativas que ensamblan con las previamente originadas en su imaginario más que en sus vivencias. Estas expectativas comienzan a confrontar con sus percepciones y de tal ecuación se genera el grado de satisfacción del individuo.

Los deportistas de elite reciben rápida satisfacción en sus comienzos por dos motivos. Por un lado, en la mayoría de los casos, se acercan a la actividad a temprana edad, generalmente en la niñez o primer adolescencia, con lo cual su imaginario genera expectativas relacionadas con logros inmediatos y, además, porque su habilidad natural les permite arribar a los resultados esperados con facilidad en esta primer etapa, con lo cual obtiene una pronta satisfacción que lo motiva a continuar. Si esa motivación interna fuera deficiente, difícilmente podrá arribar a niveles de alta competencia.

Para este esfuerzo superior la motivación externa no alcanza por sí sola, aún siendo altamente positiva. Pero, en cambio, si fuera negativa se puede desmotivar minando la interna. El caso contrario sería igual de perjudicial, es decir que una fuerte motivación interna puede alargar su período de sacrificio pero en algún momento deberán llegar los resultados, tendrá que percibir el logro de algunos de sus objetivos personales deportivos, es decir que necesitará de la motivación externa para que la interna no decaiga.

Esta complementación es sinergial, más allá de que la influencia de unas u otras en la mezcla puedan alternarse en importancia como sucede, por ejemplo, en las diferentes fases de su ciclo de vida deportivo. Para el esfuerzo mayor, para el aporte superior, es necesaria una motivación interna también superior, independientemente de otras cualidades requeridas.

En los niveles de excelencia la motivación externa es muy importante, hasta imprescindible por momentos, pero no alcanza si no encuentra eco en una motivación interna férrea porque, frente al alto grado de sacrificio requerido, la motivación externa es efectiva cuando logra potenciar aspectos de motivación interna valederos para el atleta.

(1) Resumen Tesis Doctoral de Psicología, Univ. Arg. J. F. Kennedy.