Las formas del deporte actual

Por el Profesor Jorge Gómez (UFLO)

La impresionante dinámica que el deporte muestra en nuestros días, lo ha llevado a la necesidad de redimensionarse, pues no se sostiene un tratamiento global y simplista del fenómeno deportivo.

El deporte llevado a su manifestación espectacular no puede ser comparado con el juego deportivo realizado en una colonia de vacaciones, por niños en plan de recreación escolar, o la marcha aeróbica de un adulto mayor con un grupo de aladeltistas que se lanzan con apoyo de helicópteros de la cima de una montaña escarpada.

Es necesario delimitar básicamente las distintas alternativas que puede ofrecer el deporte, pues a los efectos de la tarea que nos ocupa, la ubicación de la Universidad frente a las mismas configura un aspecto primario, en función del posterior desarrollo de programas deportivos.

Existen diversos criterios de clasificación del deporte y sus formas de expresión. Elegiremos el que se adecua a las necesidades de la tarea que hemos emprendido, y que nos permite ofrecer el siguiente cuadro de clasificación:

Antes de ingresar en el análisis de cada una de estas dimensiones, nos remitiremos al texto de la conferencia dictada por el Sr. Frederic Prieto, representante de España en el Primer Congreso Internacional “Deporte para Todos y su inserción en el desarrollo socioeconómico de América del Sur”, realizado en la Universidad de Concepción, Chile, en Agosto de 1994, pues desarrolla una visión del deporte enmarcada y relativizada a sus aspectos sociales.

Esta puntual mirada al fenómeno deportivo, tiene la virtud de acentuar los aspectos que deben sustentar una propuesta del deporte abarcadora y no excluyente, como la que debe plantear la educación universitaria.

Desarrollo social del deporte

Los deportes modernos, tal como hoy los conocemos, inician su difusión social con dos cartas de presentación fundamentales: la pureza lúdica y competitiva y el “amateurismo”, por un lado, y la renovación de los modelos sociales y educativos del dirigente, por otro: el deporte se propone aparejado a valores patrióticos, morales, sociales, educativos, de salud.

La afirmación de los deportes como acto lúdico, desinteresado, de noble confrontación, que no debe ser confundido con la actividad profesional o económicamente interesada bajo ningún concepto, se complementa con la insistencia en su capacidad educativa que, aunque parezca contradictorio, pretende convertir la actividad deportiva en un imperativo moral en la naciente sociedad capitalista.

En realidad, las inflamadas afirmaciones de los primeros “sportsmen”, esconden apenas una concepción elitista del deporte y de la propia sociedad […].

Esta pureza radical comporta bien pronto dos fenómenos contradictorios. Por un lado, de una forma u otra, con mayor o menos fortuna, se producen movimientos deportivos paralelos menos exigentes que facilitan actividades deportivas semiprofesionales, de carácter más popular (por ejemplo en ciclismo), ó, a través de los sindicatos se impulsa lo que podríamos llamar el “deporte de clase” o socialista frente a las “federaciones burguesas”. Por otro lado, el propio movimiento amateur, que siguió siendo fundamental en los países europeos, aún sin abando9nar esta referencia a la gratuidad, se ve obligado sucesivamente a abrir las puertas a deportistas provenientes de sectores populares (especialmente trabajadores del comercio y las oficinas).

Junto a este campo de contradicciones, se produce otro eje de tensión en el desarrollo del deporte como fenómeno social. Se trata de practicar el deporte como actividad prioritariamente centrada en la competición, en la superación y en la búsqueda de la victoria y del rendimiento o como actividad básicamente lúdica, en que lo más importante es la satisfacción personal, el bienestar físico y moral […].

Así pues, podemos establecer que, a lo largo de su historia, el deporte (como fenómeno social) ha sufrido dos sistemas de tensiones básicas (que se interrelacionan entre sí), que han ido configurando su forma, su estructura dominante en cada momento.

La primera de estas tensiones básicas estaría definida por la batalla entre “amateurismo y profesionalismo”. Esta es una larga y muy compleja lucha que, tal como hemos visto, está presente desde el primer momento y que, aparte de su propio sentido, hay que interpretar como consecuencia de los orígenes socialmente elitistas del deporte moderno y como instrumento para defender esta situación privilegiada frente a la tentación del deportista popular en la búsqueda (por otro lado explicable) de compensaciones económicas en la práctica del deporte. […].

La segunda tensión se ha producido entre lo que podríamos llamar ludismo (valoración del carácter libre, gratuito y placentero) y el rendimiento (o sentido del deber, del éxito, de los resultados, de la utilidad).

Estas dos tensiones, que hay que entender de forma dialéctica, tienen como resultante dos tipos de movimientos, a través de los cuales se produce la difusión del deporte, como fenómeno social. Un movimiento que llamamos de democratización y otro que llamamos de distanciación.

Es decir que el deporte ha ido ampliando su implantación social de dos formas diversas y relacionadas: o bien por un proceso de apertura de las organizaciones y las prácticas elitistas de los primeros tiempos, aceptando o incorporando deportistas y sociedades deportivas provenientes de clases sociales modestas (a este movimiento le llamamos democratización), ó a través de la creación de movimientos u organizaciones que fomentaban y articulaban el deporte en determinados sectores o clases sociales justamente para diferenciarse de las prácticas y las organizaciones elitistas dominantes (le llamamos distanciación). En definitiva, en cualquiera de ambos casos el deporte ha ampliado su base participativa.

Sin embargo, hay que decir que, a pesar de la existencia de un espontáneo mecanismo de imitación, la sola existencia del deporte-espectáculo y de su fuerza no hubiera producido el fenómeno del Deporte para Todos. De hecho, a lo largo de los años, se ha ido produciendo una lógica ampliación de la práctica deportiva en todos los países, cuantitativa y cualitativamente (diversidad de modalidades practicadas, por ejemplo). Pero, la simple ampliación de la práctica deportiva convencional no sería suficiente para explicar la actual difusión de la práctica deportiva y mucho menos el cambio conceptual que supone el movimiento de deporte para Todos.

Los factores del deporte para todos

Lo que llamamos Deporte para Todos surge parcialmente en contraste con el deporte de elite y, en muchos casos, las federaciones deportivas convencionales son incapaces de apreciar la importancia y el sentido de este nuevo movimiento deportivo. El propio Comité Olímpico Internacional admite que ‘la rápida evolución del deporte de alto nivel no les ha permitido (a las federaciones deportivas) en todos los casos dar respuesta a las expectativas del deporte para todos’ (“Le sport pour tous et le comité International Olympique”).

De hecho, la consagración social del deporte de alto nivel ha generado también fenómenos que tienen una dimensión contradictoria con el carácter lúdico fundamental del deporte, con su ejemplaridad para la propia difusión de la práctica y para su aceptación social: la (que, aunque parezca contradictorio, está relacionado con la propia democratización del deporte, en tanto que la profesionalización hace posible el acceso al alto rendimiento a cualquier ciudadano) y, en algunos casos, aparecen también fenómenos de recurso a la trampa, de instrumentalización en función de intereses económicos o políticos, de creación de modelos sociales culturalmente deplorables o, incluso, de violencia.

La larga fase que precede a lo que podemos llamar la explosión social de la práctica deportiva generalizada, que hay que considerar un fenómeno aparejado a la sociedad del bienestar gestada a partir de la 2° guerra mundial, se caracteriza por el traslado de los modelos adoptados por el deporte de alto nivel, en sus componentes positivos o negativos, a la creciente franja de practicantes.

También en este período se han producido los dos procesos contradictorios y complementarios antes citados. Por un lado, se ha producido un fuerte proceso de democratización del deporte, que ha facilitado la incorporación a los clubes y a la práctica deportiva de cualquier ciudadano, al margen de otras consideraciones de clase, corporativas ó ideológicas, pero originando frecuentemente contradicciones a partir de la transferencia de los modelos del profesionalismo supercompetitivo a las categorías inferiores. Por otro lado, en el mismo período, han ido surgiendo movimientos contestatarios que pretendían distanciarse de estos modelos dominantes (movimientos del deporte popular, amplios sectores de determinados deportes menos profesionalizados, como el atletismo), poniendo en práctica modelos más lúdicos y más puristas, con un cierto resurgimiento de la mística del amateurismo y un cierto rechazo de la competitividad.

Han sido necesarios, sin embargo, los profundos cambios ocurridos en la segunda mitad del siglo XX para que se desarrollara toda la capacidad de comprensión de las posibilidades lúdicas, educativas, preventivas y terapéuticas del deporte y la actividad física. El conjunto de fenómenos que configuran las nuevas formas urbanas de vida (industrialización, automatización, sedentarismo, tiempo libre, comunicación, etc. ) han sido el detonante de este nuevo concepto, que llamamos Deporte para Todos.

En un intento de sistematización, podemos establecer los siguientes factores del Deportes para Todos:

– Hemos citado antes, la propia fuerza del deporte como espectáculo para crear modelos (ídolos) de masas. Es indudable que la creciente consolidación del Movimiento Olímpico ha contribuido notablemente a este objetivo, con las aportaciones culturales que la Carta Olímpica ha propuesto.

– El conjunto de condiciones económicas y vitales que constituyen la nueva cultura urbana, han sido el medio propicio para el desarrollo de esta nueva forma de enfrentarse al hecho deportivo, especialmente en sus niveles de desarrollo más reciente. La automatización, las consecuciones en el nivel de vida y en la distribución de los recursos, la terciarización, la universalización de los medios de comunicación, de la educación, etc. pero también la necesidad de suplir la ausencia de actividad física, de contacto con la naturaleza, etc. Es importante consignar, en el contexto de los factores de la sociedad urbana, la universalización del tiempo del ocio (ver ítem anterior, Acepción y valoración del ocio). J. Dumazedier, corrigiendo a Bourdieu, describe de forma admirable este fenómeno: ‘…cuando Bourdieu no ve en el desarrollo de nuevas prácticas que llamamos paradeportivas ‘nada más que la obra de una pequeña burguesía intelectual’, quizá tiene razón en parte, pero cuando estas prácticas son observables en grupos sociales de tiempo libre de todas las clases (sociales), de todas las edades, en ruptura creciente con los hábitos del pasado, se está obligado a pensar que un cambio importante, aún más importante, puede producirse con un nuevo equilibrio de los tiempos sociales, en una época como la nuestra en que el tiempo libre, con sus nuevos valores en las actividades vespertinas, los fines de semana, las vacaciones y la jubilación, es más largo en el ciclo de vida que el tiempo de trabajo, con o sin paro. Estos son los valores que inspiran estas nuevas prácticas paradeportivas, en las que la búsqueda de la forma domina sobre la del rendimiento y la del bienestar vence frecuentemente a la del entrenamiento’ (prólogo a Yvuon Léziart, “Sport et dynamiques sociales”).

– La progresiva adopción de medidas de fomento del bienestar social y de la igualdad por los Estados ha recogido, sin duda, esta nueva demanda y ha contribuido a la generalización del fenómeno del Deporte para Todos. El llamado Estado del Bienestar ha aportado campañas de concienciación, el desarrollo de políticas preventivas de salud, la incorporación de la educación física a todos los programas escolares, la construcción de instalaciones deportivas también para el deporte de los ciudadanos y la accesibilidad al medio natural y al turismo.

– […] el sedentarismo y otros inconvenientes de la vida urbana, así como la profundización en las políticas preventivas, han facilitado la insistencia y la toma de conciencia acerca de la necesidad de la actividad física para la salud, definida como bienestar y como calidad de vida, así como las virtudes terapéuticas de determinadas prácticas físicas y deportivas.

– La propuesta generalizada de nuevos modelos de belleza corporal ha contribuido a una nueva cultura del cuerpo, frecuentemente relacionada con determinados hábitos alimentarios y ejercicios físicos y deportivos.

– Asimismo, ha adoptado formas deportivas la creciente necesidad de aventura y de contacto con la naturaleza del hombre urbano.

– Finalmente, no podemos dejar de citar las aportaciones que han realizado los movimientos y organizaciones por la práctica deportiva generalizada, permanente y diversificada. En parte frente a la creciente instrumentalización y elitismo del deporte de alto nivel, en parte como canalización concreta de los factores descritos hasta aquí, dichos movimientos han aportado ideas, campañas de concienciación, propuestas de diversificación y adecuación de las prácticas deportivas, formas nuevas de organización, tanto a nivel local y nacional, como internacional.

– Sin duda, este fenómeno es el fruto de la combinación de todos estos factores, que han convertido lo que llamamos Deporte para Todos, de un fenómeno inicialmente urbano y de países desarrollados en una propuesta cultural/deportiva de dimensión mundial. Esta es ya una propuesta que es válida en cualquier área del mundo y que suscita el interés de todos los países”.

En este punto de las consideraciones sobre el deporte como fenómeno social, es conveniente definir con mayor precisión las dimensiones explicitadas, caracterizando sus aspectos distintivos. Una forma práctica y básica para comprender el concepto inicial de deporte, y remitirnos luego a sus dimensiones, es referirnos a la definición del deportólogo italiano Ferruccio Antonelli, cuando señala que:

Es deporte cualquier actividad humana que incluya en forma integrada, tres elementos: juego, agonismo y movimiento.

Para muchos estudiosos del tema, esta definición resulta precaria, pues la evolución del deporte ha incluido otros aspectos como la reglamentación, que cierran mejor la idea del deporte…del deporte considerado como juego altamente reglado.

Por esta razón, personalmente adherimos a la concepción de Antonelli, pues en su amplitud radica a posibilidad de integrar a todas las formas del deporte…incluso las que no son reglamentadas, como las formas de deporte libre, tan gratas y necesarias para el hombre de hoy.

El deporte de rendimiento

Intentar definir el deporte de rendimiento, significa profundizar el análisis de los elementos estructurales del deporte, relacionándolos con una posición filosófica ante su práctica. En esta forma que asume el deporte, muy fuertemente afianzada en la cultura deportiva actual, el factor privilegiado es el agonístico.

Agonismo implica esfuerzo, una actitud de superación permanente, orientada en dos direcciones, la mayoría de las veces confluentes: por una parte, la intención de superar la problemática desafiante, el obstáculo, el récord, y por la otra ganarle al oponente, vencerlo en competición directa o indirecta.

Este es el objetivo fundamental: el triunfo en la competición. De allí que también se denomine a esta dimensión del deporte, deporte competitivo o de competición.

Se caracteriza en buena medida por el grado de institucionalidad que ha adquirido, reflejado en sus reglamentos internacionalmente aceptados, el surgimiento de clubes, federaciones y asociaciones que nuclean a sus practicantes, el desarrollo de tecnología especializada con apoyo científico a su alrededor y un tratamiento privilegiado por parte de los medios de comunicación.

Este paradigma y su evolución, refleja claramente los valores y pautas sociales vigentes, los cuales sustentan a la competencia como factor de superación y producción, a la economía del mercado y a las políticas liberales.

Por otra parte, el agonismo es inherente a la naturaleza humana y ha sido el motor fundamental de la evolución de la civilización en sus aspectos positivos y a la destrucción de bienes, de la naturaleza y de sus propios congéneres, cuando la agresividad implícita en el agonismo se manifiesta en la guerra, en la depredación o en el acceso a posiciones de poder que involucran un pensamiento altamente egoísta y destructor.

El deporte de espectáculo se ha convertido en un catalizador aceptado para la agresividad; grandes masas se identifican con el simbolismo inmanente a la lucha deportiva, asistiendo a los estadios o instalándose ante su televisor, canalizando sus tensiones a través de las fuertes acciones competitivas de sus ídolos.

En síntesis, este deporte ha generado importantes adelantos en el conocimiento de las posibilidades físicas del hombre, en su afán de impulsar el rendimiento a su máxima expresión, pero al mismo tiempo a llevado la alienación por el récord o el triunfo a expresiones negadas con la ética, la salud, la educación o el simple, pero fundamental hecho, de respetar la naturaleza humana del deportista.

Lamentablemente, este modelo de deporte se situó hace tiempo en la institución educativa de todos los niveles, reflejado en competiciones organizadas en un símil total con las planeadas por las federaciones o instituciones que regulan el deporte de competición, generando grandes confusiones sobre el sentido y forma de su práctica, en un ámbito que persigue otros valores y cuya función pedagógica al respecto, debería provocar un serio análisis de esta alternativa de práctica deportiva por las contradicciones que en muchos casos establece con la misma.

Utilizando el esquema de Antonelli, pero cambiando la idea de triángulo equilátero por uno isósceles, en cuya cúspide se instala el factor preponderante, podríamos graficar al deporte de rendimiento o competición del siguiente modo:

Desde nuestra perspectiva, esta forma de practicar deporte, sólo es accesible a una minoría de personas con capacidades especiales. En el caso de los jóvenes universitarios con talento deportivo, constituye una alternativa de gran valor formativo y la posibilidad de desarrollar una actividad que puede incluir, como valor agregado, réditos económicos o de reconocimiento social; para el resto, gran mayoría, sólo significa la exclusión de la actividad física y la búsqueda de otras ocupaciones para el tiempo libre…

El deporte recreacional

Habida cuenta de la evolución del concepto de Deporte para Todos, que en un principio se identificaba directamente con la versión recreativa, opuesta al deporte convencional, competitivo o federativo, y hoy acepta una interpretación de carácter comprehensivo, no excluyente, debemos definir al deporte recreacional desde sus características intrínsecas salientes.

Comenzaremos en este caso, por variar nuestro triángulo ejemplificador, en cuanto a la posición de los factores:

Puede observarse la relevancia o reconsideración del juego, como factor prioritario. Esto significa que el hecho de competir o moverse intensamente, se conjuga en propuestas donde priman la libertad, el placer y la espontaneidad, características del juego.

Esta dimensión deportiva surge como una atractiva forma de recrearse y alcanzar la plenitud del ser corporal.

La inexistencia de rigor y presión del exterior en cuanto a la obtención de resultados como agregado al hecho de jugar, acentúa el placer y la satisfacción de la práctica por la práctica misma.

Sabino Hernández, Presidente del Comité Olímpico de Ecuador, ha dicho de esta forma de deporte: “…es un estilo de vida que tiene como base la práctica de la actividad física durante todas las edades del ser humano, para lograr un óptimo desarrollo integral de sus capacidades físicas y mentales, que le permitan ser útil a sí mismo, a su familia y a la comunidad, haciendo posible alcanzar el bienestar en el plano personal y social”.

Desde otro ángulo, el esquema de Antonelli modificado en el factor que ubica en la cúspide, nos reporta a un deporte practicado con dos finalidades:

a) Mantenimiento o mejoría de la salud.
b) Desarrollo de la expresión corporal en formas deportivas de competición.

Quien elige esta forma de deporte, ejemplos de la cual lo constituyen la gimnasia rítmica y deportiva, el patinaje artístico, el nado sincronizado, la gimnasia aeróbica de competición, etc. disfruta fundamentalmente de las tareas motoras que involucran, su desarrollo y ajuste técnico permanente. La competencia en estos casos no es directa, sino a través de la apreciación de jurados que determinan la calidad de las ejecuciones. Es necesario señalar, que estos deportes también se insertan en la dimensión del deporte de rendimiento, y son altamente valorados por los componentes estéticos y de virtuosismo técnico que involucran.

En esta variante se inscriben también los deportes solitarios: el aerobismo, el surf, el ciclismo, etc. donde prevalece el esfuerzo agonístico con un sentido de superación personal o de práctica activa para el mantenimiento de la condición física. Los componentes de competición y juego se diluyen desde una perspectiva tradicional de consideración; la competencia aparece como intención para vencer la dificultad de la práctica y el juego en la libre y espontánea elección de estas actividades y en el placer que representa el vencer metas personalmente autopropuestas.

Un número cada vez mayor de personas se dedican a estas formas deportivas, pues ven facilitados los aspectos organizativos y de implementación que requieren las prácticas de deportes de conjunto, las cuales no son accesibles masiva y simplificadamente. El manejo de los tiempos y espacios es independiente, permitiendo adecuar la práctica al tiempo libre que deja el trabajo o el estudio.

Una adecuada educación física universitaria, debería enfatizar los fundamentos recreativos y saludables de estas prácticas, enseñando a los alumnos sus formas de realización y autoentrenamiento.

La realidad del deporte en la universidad

Las siguientes consideraciones son de índole general y basadas en observaciones parciales, por lo que requieren imperiosamente de un serio estudio de la realidad global que ofrece el deporte en todas las Universidades privadas, pues ello permitiría desarrollar conceptos enriquecedores para ofrecer nuevos programas de actividad física y deporte a los alumnos, encarando con un sentido estructural sus diversas alternativas de práctica.

1. El deporte en la Universidad privada, como oferta para todos los alumnos es escasa. Son muy pocas las que establecen su práctica obligatoria.

2. Las alternativas deportivas ofrecidas, se refieren a los deportes convencionales, con organización tradicional de competiciones, tanto internas como externas. Se utiliza la estructura federativa como marco referencial.

3. Se observa una tendencia, incluso en Universidades estatales, a fortalecer la formación de equipos competitivos en base a la selección de talentos, contratación de entrenadores expertos y preparación de la infraestructura necesaria para alcanzar buenos niveles dentro del paradigma de rendimiento.

4. Son escasas las propuestas de actividad física para la salud y la recreación, con oferta de servicios deportivos que alcancen a la mayoría de los estudiantes. En los casos en que existen, su difusión y adecuación a las posibilidades de práctica masiva, no son suficientes.

5. No existe prácticamente, tratamiento académico del tema, o si existe, está limitado a las áreas específicas. Aún no se ha logrado que el deporte constituya un tema de investigación científica o pedagógica altamente valorado por áreas como las Ciencias Sociales, Ciencias de la Educación, Ciencias Naturales, Filosofía, etc., en virtud de su inserción en la cultura actual. Este es un fuerte factor en contra de una presencia más clara y definida del deporte en la Universidad.

6. Son escasas las Universidades que cuentas con predios adecuados para una participación masiva de todos los estudiantes en actividades físicas y/o deportivas, lo cual constituye un factor de peso, pero que está relacionado con el punto anterior.

7. El estudiantado no posee en términos generales, una buena cultura física, ya que la educación física escolar recibida en los niveles primario y secundario, raramente produce el hábito de la práctica deportiva saludable, en virtud de que sus paradigmas aún conservan la alienación por el tecnicismo o las actividades físicas formales desprovistas de significado vital. Ello se observa en el desinterés por practicar deporte en la Universidad, aunque son muchos los alumnos que lo hacen fuera de ella o se interesarían si las propuestas se ajustaran a sus necesidades.